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lunes, 20 de junio de 2011

CAPITULO 24


                                                                                                                                         NIKO
Corrimos durante un buen trecho del camino y, para cuando quisimos darnos cuenta, Isi había desaparecido.
Maldecí por lo bajo y nos detuvimos al darnos cuenta que les habíamos perdido la pista tanto a Lia como al único que posiblemente podría guiarnos.
-Deberíamos dividirnos en dos grupos- sugirió Pablo nervioso- que uno se quede en la casa y los demás busquen a Lia y a mi hermano.
Me percaté de que el sol se estaba poniendo y la oscuridad se iba cerniendo poco a poco sobre nosotros. Por añadidura, el frío se iba calando en nuestros cuerpos debido a que habíamos salido con presteza de la casa y no habíamos cogido abrigo y en mi caso, un jersey.
-Estoy de acuerdo- opinó Alex con seguridad- pero ya sabes que en cualquier momento se puede presentar Derek. Sería mejor que dos esperasen en la casa y otros dos fuesen a buscarlos. Una vez que hubiese novedades, nos llamaríamos.

Estaba cabreado conmigo mismo. ¿Por qué no le había dicho la verdad sobre mí a Lia? Sin saberlo, tuve la sensación de que yo era otra víctima en todo esto. ¿Qué la iba a decir?. <<-Lia, hace poco he adquirido unos poderes que no sé cuáles son…¡sorpresa!>>, imposible. Pensaría que era un desequilibrado, un perturbado o en el peor de los casos un psicópata.
Sin pensármelo dos veces me ofrecí a buscarla por la calle, sabía que no podría estar en la casa sin hacer nada. Ellos lo comprendieron.
-Yo también voy a buscarla- se ofreció Cora, en cuya voz arrastraba el sufrimiento que se veía sometida.

Ambas amigas se debían de querer mucho, tanto, que pondría la mano en el fuego que ambas no les importarían arriesgar su vida por la otra.
Mi hermano se negó en rotundo a que fuéramos solos los dos. Nosotros apenas teníamos experiencia con los poderes que acarreábamos. En cambio, tanto Pablo como él, llevaban desde pequeños aprendiendo.
-Me niego en rotundo- le susurró Alex a Cora, a pesar de que Pablo y yo le pudimos oír su ruego desesperado- vente conmígo, yo te podré proteger, mientras Pablo acompaña a Niko.
-Lo necesito- le contestó ella acariciándole el moflete y posando un fugaz beso sobre sus labios- estaremos bien. No creo que todo esto tenga que ver con…ese tal Derek, es simplemente que nos ha descubierto los tatuajes.
Todos sabíamos que eso no era cierto, incluso Cora no se convenció al oír sus palabras. Entonces sino, cómo sabía exactamente dónde lo teníamos cada uno. Era comprensible que supiese dónde estaba el mío pero, ¿y el de los demás?
-Además, soy la única de todos que me conozco bien estas calles, en cambio discrepo si vosotros sabrías volver- puntualizó orgullosa por el argumento consistente.
-Vale pero, como te ocurra algo…- dijo Alex retirando la mirada de dolor de solo pensarlo-…esta me la debes- finalizó abrazándola.
Cora asintió con el gesto que hacen los militares. Pablo se acercó hasta la pareja y tosió fuertemente.
-No es por nada pero deberíamos ponernos en marcha- sugirió Pablo inquieto.
Cora y yo nos pusimos a correr, deambulando por la calles. El viento removía las hojas secas de un lado para otro, al mismo tiempo que los árboles eran azotados.

La oscuridad ya se había cernido sobre nosotros y lo único que nos iluminaba el camino era la anodina luna junto a las numerosas farolas, que alumbraban solo el suelo que estaba a sus pies.
-Lia- gritamos numerosas veces.
Unos matorrales se movieron a nuestra izquierda. Como acto reflejo, puse a mi amiga detrás de mí y retrocedimos unos cuantos pasos. Sentí algo que nunca había sentido hasta ese momento. Por mi cuerpo corrían chispazos y cada vez iba a más, ella jadeó y al volver la cabeza la vi observándose el cuerpo con sorpresa.
-¿Lo notas?- preguntó maravillada de la sensación que recorría nuestro cuerpo.
Asentí entusiasmado. Era mejor que la sensación que te dejaba la adrenalina ante una situación de peligro. Era como si necesitase verterla de algún modo.
Nos volvimos a centrar en el matorral a la espera de que saliese alguien para hacernos daño o un animal. Cuando estábamos a punto de explotar por la sensación que nos produjo una sobre carga de esa curiosa energía, salió un gato decidido en nuestra dirección y pasó su cabeza sobre nuestros pies. El felino nos maulló.
-¡Menudo susto nos has dado!- exclamó Cora con ternura hacia el gato- que raro que un gato sea tan cariñoso- me dijo sorprendida- la mayoría de los gatos salvajes no son así. Que raro.
El gato era totalmente negro, excepto por unas manchas blancas que le surcaban el cuerpo y las patas, sus verdes ojos eran tan penetrantes que me entró un escalofrío, pero cuando el felino se volvió a restregarse sobre mí, me pareció único. Continuamos andando pero el gato nos siguió a todas partes. No le dimos importancia y nos centramos en buscarles.
Después de haber recorrido casi todo el pueblo con el gato a nuestra vera, estuvimos a punto de meternos en el bosque cuando recibimos una llamada de Pablo. Nos comunicó que habían llegado sanos y salvo. Tardamos en llegar al chalet unos veinte minutos.
-No podemos entrar con el gato en el chalet, está mi perro- dijo Cora preocupada- pobrecillo, está desnutrido.
Intentamos asustar al gato y alejarlo pero el volvía fiel hacia nosotros sin preocuparle lo que le pudiese ocurrirle.
-Dichoso gato- gruñí con toda la mala leche que fue posible, no podía creerme que el maldito gato estuviese retrasando el recuentro con Lia-  no pasa nada lo metemos en mi habitación y a Thor en la tuya para pasar la noche. Luego le damos de comer y después ya veremos.
Cora dudó antes de acceder y luego llamó al telefonillo. Alex nos abrió y salió a recibirnos con el perro primero. Temí que el pasto alemán se abalanzase sobre mí a por el gato o que el felino me arañase para tratar de escapar pero, fue totalmente lo contrario a lo que nos habíamos imaginado. Ambos se miraron, tensos. El gato se escapó de mis brazos y se situó delante de Thor. Todos nos quedamos sorprendidos. Ambos se respetaron y miraron pacientemente hasta que el perro bajó la cabeza y otro tanto hizo el gato. Después, ambos se adentraron en la casa pacíficamente.
-¿Habéis visto lo que acabo de ver?- preguntó sorprendida, formulando la pregunta que a todos se nos agolpó sobre nuestras cabezas.

Al momento, me acordé de Lia y me adentré fugazmente en la casa. El aire calenturiento de la calefacción me azotó la cara helada, me dirigí directamente eal salón que estaba cerrado de par en par, me coloqué delante de las puertas de madera correderas y esperé a sosegarme un momento pero, fue los murmullos de Isi y Lia lo que colmó el vaso. Abrí las puertas y les vi tranquilamente susurrando. No me salían las palabras para expresar la indignación y la preocupación que estaban haciendo mella en mis nervios. Ambos se giraron para verme.
-¿Dónde habéis estado?- les pregunté como lo haría un padre a sus hijos.
Noté que Pablo, Cora y Alex se situaban a ambos lados míos. Isi se pasó los dedos sobre los labios, parodiando que eran unas cremalleras y después tiraba la supuesta llave imaginaria hacia el suelo. Por otro lado, Lia evitó mi mirada. La notaba extraña, como con un aura alrededor que la hacía más bella, era extraño. Una gota de sudor se deslizó a través de su cara como si estuviese haciendo un gran esfuerzo por algo. Sus labios estaban hinchados y se mostraban voluptuosos.
-Contestad- gruñí preso de la desesperación.
Isi se encogió en su sitio. Me dirigí hacia el crío y le cogí de una oreja.
-¡Habla o te haré hablar!- exclamé violento- ¿Dónde habéis estado?
No daba crédito a que estuviese haciendo esto. El cabreo hizo que la energía de antes surgiera de nuevo y se apoderara de mi cuerpo.
-Suéltale- gritó asustada Lia a la vez que todos se me lanzaban encima para que soltase al niño - le vas a hacer daño.
Posteriormente a haberle soltado Pablo me empujó contra la pared, casi rozando el televisor de plasma.
-Vuelve a tocar a mi hermano y te mato- juró Pablo y toda amabilidad de su rostro desapareció.

Volví la mirada hacia Isi y observé que se puso a llorar y me miraba como si fuese un monstruo. Me fui de la habitación sin decir nada, avergonzado por lo que acababa de hacer, solo había seguido mi instinto, ese niño había ayudado a Lia a escapar. Al llegar a lo que había sido mi habitación los últimos días, me tumbé sobre la cama. Al poco tiempo, la chica que ocupaba mi mente abrió la puerta con violencia y se plantó delante de mí.
-¿Por qué has hecho eso?- preguntó sulfurada e irritada- ¿Por qué te metes en mi vida, dime? No quiero que te metas en mi vida, ¿entiendes?, jamás te vuelvas a meter en mi vida- se repitió como intentando darle importancia.
¿Lo decía en serio? ¿realmente lo estaba diciendo en serio? Después de lo que habíamos pasado, pensaba que éramos amigos, creía que tenía el derecho a velar por ella pero, si ella no quería que jamás volviese a hacerlo, no lo haría. Haría lo imposible para olvidarla. No contesté. Me di la vuelta en la cama, dándola la espalda, eso debió de irritarla aún más cuando me empujó y me caí al suelo, me levanté con presteza y me coloqué delante suyo como solía hacer en Italia cuando me metía en problemas por las noches.
-No me vuelvas a tocar- gruñí poniendo las manos en un puño- o…
-Que no te vuelva a toca o ¿qué?- preguntó dándome un empujón- ¿me vas a pegar? adelante, hazlo.
Ella se colocó delante mío sin titubear ¿Cómo se pensaba que iba a pegar a una mujer? Y, sobre todo a ella, estaba loca si lo pensaba.
-Déjame en paz- murmuré volviendo a darme la espalda- no quiero hablar contigo.
Ella volvió a empujarme, eso era la gota que colmaba el vaso. Salí de la habitación y me volví a dirigir hacia el salón. Isi seguía llorando en el salón.
-Lo siento, pequeño, ¿te he hecho mucho daño?- me disculpé acercándome hacia él hasta que Pablo se interpuso en medio- lo siento.
Pablo estuvo a punto de pegarme cuando Isi se puso delante.
-Te perdono- dijo con gran valentía y luego me abrazó.
Eso me rompió el corazón. ¿Qué clase de animal le haría daño a una criatura tan buena y bondadosa? Algún día se lo recompensaría, no sabía cómo, pero algún día haría algo para recompensárselo, y no sabia como pero conseguiría, sea como sea, que Lia me perdonase por todo lo que la había echo y lo que la había ocultado.

FIN DE LA 1º PARTE

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